UNIDAD DE DERMATOLOGIA QUIRURGICA

Protección de la piel

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SISTEMAS DE FILTRO DE LA PIEL

 

Después de los filtrados atmosféricos y ambientales, la luz que nos llega está compuesta de UVB, UVA, luz visible y radiación infrarroja. En la estructura de la propia piel, tienen un papel de filtro la queratina, el ácido urocánico y sobre todo la melanina.

Hay dos tipos importantes de melanina, la eumelanina, de color negro, que es la más importante y la pheomelanina, de color rojizo. La eumelanina, que es la melanina por antonomasia, tiene su máximo espectro de absorción en los 300 nm, funcionando como un filtro eficaz para las radiaciones por debajo de esta longitud de onda. La pheomelanina, está presente en proporciones importantes en los individuos pelirrojos y su efecto filtro es poco significativo.

Aún hay una tercera melanina, la neuromelanina, situada en algunas estructuras profundas del sistema nervioso central, como la substancia nigra o locus níger. Su composición y metabolismo no son aún bien conocidos, esta intrigante presencia de una melanina en regiones anatómicas totalmente inaccesibles a la luz, invita a pensar que la melanina de la piel, además de su función filtro, deba tener otra misión fisiológica. Se ha apuntado su posible intervención en la neutralización de los radicales libres.

A pesar de estos filtros naturales, continúan llegando una cierta proporción de UVB a la dermis superficial. Las UVA son insensibles a estos filtros transmitiéndose a través de la epidermis, alcanzando una mayor profundidad en la dermis. Tienen aún mayor penetración el espectro de luz visible y los rayos infrarrojos.

En cuanto al ojo el espectro de absorción del cristalino va desde 297 a 365 nm. En su conjunto, la cámara anterior filtra las radiaciones por debajo de 400 nm, que es exactamente el comienzo del espectro de la luz visible. Por ello las radiaciones por debajo de éste, tanto de UVB como de UVA, podrían tener un papel en la producción de cataratas.

Los filtros solares son preparados para la aplicación tópica, conteniendo sustancias que bloquean parcial o totalmente las radiaciones lumínicas. Aparecieron en los años 1940 para la fotoprotección de los soldados norteamericanos en el Pacífico durante la segunda guerra mundial, desde entonces su uso se ha generalizado de forma universal.

Se clasifican en dos grupos: parciales o químicos y totales o físicos. El grado de protección de un filtro se intenta cuantificar mediante el llamado factor de protección solar (FPS),  o más sencillamente índice de protección (IP). Se expresa con un índice numérico que va desde 4 hasta máximos de 35 o más. El FPS significa la relación entre la dosis media eritema que se obtiene en la piel protegida con el filtro y la dosis media eritema de la misma piel sin protección, medidas ambas en laboratorio con la misma fuente de luz y la misma distancia foco-piel. En una piel cuya dosis media eritema es de 20 minutos si se aplica un filtro FPS 10 aumentará su resistencia hasta 200 minutos.

Un filtro solar debe reunir las siguientes condiciones: debe ser suficientemente adherente a la piel para resistir un tiempo la humedad de la sudoración y la inmersión en el agua, debe ser inocuo y cosméticamente aceptable y debe expresar en su envase su FPS, valorado incluso por separado para la UVB y para la UVA.

Los filtros solares son hoy en día imprescindibles, pero debe cuidarse que su uso sea correcto, debe desestimarse la idea de que usando un filtro protector se pueda permanecer muchas horas bajo el sol. El FPS que indican no siempre es exacto, quedando en ocasiones por debajo del teórico. Los usuarios suelen aplicarlos en cantidades menores sin extenderlos correctamente por la piel en cantidad y superficie. Deben aplicarse no sólo en cantidad suficiente, sino también de manera uniforme y homogénea en toda la superficie de piel expuesta. La frecuencia de aplicación será después de cada inmersión aunque el filtro presuma de ser resistente al agua y regularmente si por imperativo profesional o deportivo se deba permanecer mayor tiempo bajo la exposición solar. Se debe usar un filtro solar adecuado para cada tipo de piel. Para las pieles claras y para los niños es aconsejable un FPS 35 o superior, en pieles morenas pueden bastar FPS entre 20 y 25.

En definitiva la mejor fotoprotección es, una vez reconocidas las características propias de la piel, no abusar con el tiempo de exposición aún utilizando un filtro solar.

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