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UNIDAD DE DERMATOLOGIA QUIRURGICA |
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Los efectos del Sol en la piel |
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· inicio |
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PIGMENTACIÓN La luz UVB tiene una marcada acción pigmentógena que jerce por tres mecanismos: estimula la formación de nueva melanina en el melanocito, produce una mayor y más rápida transferencia de esta melanina a los queratinocitos y ejerce una acción proliferante sobre los propios melanocitos, cuyo número en la piel habitualmente expuesta (cara y dorso de manos) es el doble del de la piel cubierta: La banda de UVB de máxima acción pigmentógena es la de longitud de onda de 300 a 320 nm. La pigmentación empieza a ser visible a los tres o cuatro días desde la primera exposición y si ésta es aislada llega su máximo hacia los 15 días, palideciendo luego muy lentamente. En las exposiciones reiteradas, el efecto pigmentógeno se acumula, consiguiendo una mayor resistencia de la piel al sol. En personas de piel morena, la pigmentación obtenida a lo largo de algunas semanas de exposiciones repetidas se mantiene decreciendo lentamente durante varios meses. No debe olvidarse, que en las personas que son de piel clara (tipo I y II) el efecto pigmentante siempre será precario. La pigmentación por UVA, es de comienzo casi inmediato, pero mucho menos acentuada, en la que no hay neoformación de melanina, sino sólo oxidación de la preexistente y una mayor transferencia de ésta a los queratinocitos. La pigmentación por UVA es mucho más transitoria, perdiéndose en pocos días, aunque la reiteración de exposiciones tiene un efecto acumulativo que la hace algo más intensa y duradera, pero sin que sea nunca comparable a la de la UVB
ERITEMA Independientemente del efecto pigmentógeno, la luz tiene un efecto eritematógeno del que dependerá la quemadura solar. Este efecto está sobre todo a cargo de las radiaciones UVB de longitud de onda más cortas, 290 – 300 nm. Es también eritematógena la UVC, pero no nos interesa aquí, puesto que no llega a la piel. El eritema por UVB empieza a ser visible a las pocas horas del comienzo de la exposición solar, llegando a su máximo a las 24-36 horas y decreciendo a lo largo de los tres a cinco días siguientes para una exposición aislada. En las pieles claras el eritema es más evidente e intenso.
QUEMADURA SOLAR Una sobreexposición a la luz del sol, aunque sea aislada, produce la quemadura solar, a cargo como se ha dicho más arriba, de la acción eritematógena. De forma natural, es decir sin ningún tipo de protección, la quemadura solar se inicia a las pocas horas de la exposición y llega a su máximo a las 24-36 horas. Su intensidad dependerá del tiempo y circunstancias de la exposición, pero sobre todo del grado de pigmentación previa de la piel y por tanto del tipo de ésta. La quemadura solar cursa con eritema, edema, escozor y dolor, pudiendo aparecer ampollas (quemadura de segundo grado). Afecta más a determinadas zonas más sensibles: dorso de nariz, regiones malares, orejas, labio inferior, cuero cabelludo en los calvos, escote, hombros y espalda. Si al efecto lumínico se suma el efecto calórico de la radiación puede aparecer el cuadro de insolación con cefaleas, mal estar general y fiebre. Entre las 36 y 48 horas el eritema empieza a desaparecer, con descamación a la vez que aumenta la pigmentación.
FOTOENVEJECIMIENTO El fotoenvejecimiento se produce por los efectos acumulativos de exposiciones solares repetidas, aunque no hayan sido demasiado intensas. Es más patente y precoz en la piel de la clara, dorso de manos escote y cuero cabelludo en los calvos. El fotoenvejecimiento está causado sobre todo por la UVB, pero contribuye también la UVA, que aunque menos activa, nos llega en mayor proporción y penetra más profundamente en la piel. Se distingue por sequedad de la piel, pérdida de la elasticidad, arrugas y manchas negruzcas circunscritas (léntigo senil).
FOTOCARCINOGÉNESIS La banda más activa para la fotocarcinogénesis es la UVB, aunque en estudios experimentales la UVA también ejerce como tal. Es en cierto modo dosis-dependiente, pero no es posible cuantificar una dosis mínima carcinogénica, muy variable según el tipo de piel y otros factores individuales, predisposición genética e inmunidad. Lo que sí es cierto es la relación que hay entre el cáncer cutáneo y las exposiciones solares de gran intensidad y en poco tiempo (verano) durante los primeros años de vida y juventud. Los cánceres de piel vinculados con la radiación solar son los carcinomas o epiteliomas (basocelulares y espinocelulares) y el melanoma maligno. La queratosis actínica es una lesión preludio de un carcinoma cutáneo.
Además de los efectos del sol sobre la piel normal, hay una serie de dermatosis actínicas específicas, que responden a mecanismos muy variados, en los que los efectos de la luz no son ya cuantitativos, sino cualitativos. FOTODERMATOSIS IDIOPÁTICAS : erupción solar polimórfica, urticaria solar, prurigo actínico, hidroa vacciniforme, erupción solar juvenil, poroqueratosis actínica y la hipomelanosis idiopática gutata DERMATOSIS METABÓLICAS CON FOTOSENSIBILIDAD : porfirias y pelagra. GENODERMATOSIS FOTOSENSIBLES : xeroderma pigmentoso, albinismos, pénfigo benigno familiar de Hailey, los síndromes de Rothmund_Thomsom y de Bloom y la enfermedad de Hartnup. FOTOTOXIA Y FOTOALERGIA : son formas de fotosensibilidad inducidas por sustancias exógenas que llegan a la piel por aplicación tópica o por vía sistémica. DERMATOSIS QUE EMPEORAN CON LA LUZ : cloasma y otras pigmentaciones, dermatomiositis, dermatosis acantolítica transitoria, eczema seborreico, enfermedad de Darier, eritema exudativo multiforme, herpes simple, liquen plano, lupus eritematoso, mucinosis reticular idiopática, pitiriasis rubra pilaris, pénfigo foliáceo, pénfigo eritematoso, psoriasis (2% de los casos) y rosácea. |
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